Margaritas
El nudo de campana, es un nudo sencillo y funcional cuya historia se remonta al menos a comienzos del siglo XIX, ya que aparece mencionado en el diccionario de Hutton de 1815. Se trata de un nudo antiguo, nacido de una necesidad práctica muy concreta, y que con el tiempo encontró aplicaciones similares en otros ámbitos del trabajo con cuerdas.
Este nudo corresponde esencialmente a la primera mitad del nudo conocido como “margarita” o sheepshank. No busca soportar grandes cargas ni funcionar como unión o gaza, sino cumplir una función de orden y control del cabo libre. Su finalidad principal es evitar que el extremo de la cuerda quede colgando de manera desordenada.
Su uso tradicional se da en los campanarios, donde la cuerda de la campana, cuando no está en operación, no debe quedar suelta ni arrastrando. El nudo de campana permite recoger y asegurar el cabo contra la propia cuerda o un punto cercano, manteniéndolo fuera del paso, evitando enredos, desgaste innecesario y accidentes. Es un nudo pensado más para la gestión del sobrante que para la resistencia.
El nudo trabaja únicamente por fricción ligera y acomodo del seno, sin generar un bloqueo definitivo. Esto hace que pueda deshacerse con facilidad cuando se requiere volver a usar la cuerda, pero también implica que no debe emplearse bajo carga, ya que se deformaría o correría sin dificultad.
Esta misma lógica explica su adopción en otros contextos, como en embarcaciones y aparejos, donde se utiliza para mantener cabos ordenados y elevados, evitando que queden en el piso o se enganchen. De manera similar, se ha empleado en candelabros y elementos suspendidos a bordo, cumpliendo la misma función de mantener el cabo controlado y fuera de zonas de tránsito.
Si la cuerda es larga y pesada, a veces se usan dos medios cotes en lugar de uno y, si es necesario, se pueden tomar varias vueltas redondas en lugar de la única vuelta. 
El nudo de margarita, conocido en inglés como Sheepshank Knot, es un nudo clásico cuyo nombre original combina sheep (oveja) y shank (pierna). El término shank es una palabra antigua del inglés que apareció alrededor del año 900 y se usaba para describir específicamente la parte de la pierna entre la rodilla y el tobillo. De esta misma raíz proviene el apodo del rey Eduardo I de Inglaterra, Longshanks, en referencia a su gran estatura. La relación exacta entre la oveja y la pierna no es del todo clara, aunque se cree que alude a la forma alargada y doblada que recuerda las patas del animal.
En español es conocido como margarita, nombre que aparece por primera vez en Francia en el siglo XVII y que llega al castellano probablemente a través del catalán margarida. El origen exacto de esta denominación sigue siendo incierto. Una de sus primeras menciones documentadas se encuentra en Seaman’s Grammar de John Smith, publicada en 1627, lo que confirma su uso temprano en el ámbito marítimo.
Funcionalmente, la margarita es un nudo diseñado para acortar una cuerda de manera temporal, sin necesidad de cortar el cabo ni modificarlo de forma permanente. Su uso tradicional se dio en embarcaciones de vela, donde permitía reducir rápidamente la longitud efectiva de drizas, amantillos u otros cabos largos cuando sobraba cuerda o existía una sección dañada que debía quedar fuera de carga. No es un nudo de unión ni de anclaje, sino un nudo de gestión de longitud.
Su construcción clásica consiste en formar una “Z” con la cuerda, creando dos senos en los extremos y uno central, y asegurar cada uno de los senos laterales con un cote simple, de modo que el tramo central quede retenido.
Existe también un método alternativo más rápido, en el que se forman tres cotes simples consecutivos en la misma dirección, encimándolos uno bajo otro; posteriormente, el cote central se tira hacia ambos lados atravesando los otros dos, generando de forma casi inmediata la estructura característica de la margarita. En ambos métodos, el nudo queda sostenido únicamente por la tensión aplicada a los extremos principales de la cuerda.
Desde el punto de vista mecánico, la margarita no trabaja por bloqueo, sino por equilibrio de tensiones y fricción ligera. Mientras exista carga constante y simétrica en ambos extremos, el nudo se mantiene estable. Sin embargo, si la tensión desaparece o se vuelve desigual, los cotes pueden aflojarse y el nudo deformarse con facilidad. Por esta razón, no debe utilizarse en situaciones de seguridad personal, ni en escalada, rescate o sistemas de vida, ya que no está diseñado para soportar cargas dinámicas ni impactos.
Una característica curiosa y ampliamente citada de este nudo es que el tramo central doblado puede romperse o incluso cortarse sin que el nudo colapse inmediatamente, siempre que los cotes laterales permanezcan bajo tensión. Esta propiedad dio origen a variantes experimentales como el llamado “nudo kamikaze”, popularizado mediáticamente cuando Bear Grylls lo mostró en televisión descendiendo por una pendiente. No obstante, este uso es demostrativo y extremo, y no representa una aplicación segura ni recomendable fuera de contextos controlados.
Aunque el nudo de margarita fue concebido originalmente como un sistema para bloquear los cotes pasando el cabo a través de los lazos que forma el propio nudo, reforzando así su estabilidad frente a la tensión y al movimiento, con el tiempo se popularizó una forma simplificada de ejecutarlo sin estos seguros.
La versión bloqueada es conocida en la tradición anglosajona como Dogshank (pata de perro) o margarita bloqueada, nombre que refuerza la idea visual de los lazos asegurados y “mordiendo” el cuerpo de la cuerda para evitar que el nudo colapse.
En la práctica moderna, especialmente en contextos educativos o demostrativos, es común ver la margarita utilizada sin bloqueo, ya sea por rapidez o por desconocimiento de su versión completa. No obstante, este refuerzo puede incorporarse fácilmente si el nudo se realiza antes de fijar la cuerda, o bien si quien lo ejecuta tiene la destreza suficiente para recrear el movimiento del bloqueo directamente sobre la cuerda ya instalada, pasando los extremos por los lazos correspondientes de manera controlada.
La ausencia de este bloqueo introduce un problema importante. Cuando la margarita no está asegurada, el nudo depende exclusivamente de la tensión constante y equilibrada en ambos extremos del cabo. En el momento en que esa tensión disminuye, se vuelve irregular o desaparece, los cotes comienzan a deslizarse progresivamente hasta perder la fricción necesaria para mantener cerrados los lazos centrales. Está comprobado que, bajo cargas elevadas, este deslizamiento puede acelerarse, provocando que el nudo se deshaga de forma súbita, a veces en cuestión de instantes. De igual forma, cuando el nudo permanece sin carga, tiende a aflojarse por sí solo debido a vibraciones, movimiento o simple manipulación de la cuerda.
Por esta razón, la margarita no bloqueada debe entenderse como un nudo estrictamente temporal y nunca como un elemento de seguridad. Para mejorar su comportamiento, algunos manuales y practicantes recomiendan sustituir el cote simple de cada extremo por un ballestrinque, ya que este aporta mayor superficie de contacto y fricción sobre la cuerda, reduciendo la tendencia al deslizamiento. Aun así, incluso con esta modificación, el principio sigue siendo el mismo: la margarita trabaja por tensión, no por bloqueo real. 
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