Mochila

La mochila es si uno de los elementos más importantes al momento de acampar. Empacada de manera eficiente, una mochila puede guardar una increíble variedad de equipo.

¿Pero donde va cada cosa? No hay una forma correcta de empacar. Nosotros te recomendamos que vayas descubriéndolo poco a poco guardando de diferentes maneras todo tu equipo, prueba diferentes formas hasta que encuentres lo que te funcione mejor.

Lo mejor que puedes hacer después de cada excursión o campamento es apuntar en una lista las cosas que utilizaste y cuales no, además de el clima o la estación en la que se encuentren, de esa manera podrás crear combinaciones de mochilas que te servirán en diferentes momentos.

Como regla esencial NO DEBEMOS LLEVAR NADA EN LAS MANOS, todo nuestro equipo debe ir bien acomodado dentro de la mochila.


Al empacar una mochila, la correcta distribución del peso es un factor fundamental para la seguridad, la comodidad y el rendimiento durante la caminata.
Para lograrlo, la mochila puede entenderse como un conjunto de zonas diferenciadas, cada una pensada para alojar cierto tipo de equipo según su peso, volumen y frecuencia de uso.

El principio básico es mantener los artículos más pesados cerca de la espalda, lo más próximos posible al eje del cuerpo. Esto permite conservar un centro de gravedad estable, reduce el esfuerzo innecesario y mejora el equilibrio al caminar, especialmente en terrenos irregulares.
Por otro lado, los objetos que se necesitan durante la marcha deben colocarse en los bolsillos exteriores, de modo que puedan tomarse con rapidez sin necesidad de quitarse la mochila.

Una mochila bien equilibrada contribuye a una marcha más segura y eficiente. En contraste, el uso prolongado de mochilas con exceso de peso o con una carga mal distribuida puede favorecer la aparición de lo que comúnmente se conoce como “distensión lumbar (back strain)”, una condición que afecta principalmente la espalda.
Este riesgo es mayor en niñas y niños, cuya musculatura alrededor de la columna vertebral aún se encuentra en desarrollo y no está completamente fortalecida.

Por esta razón, se recomienda que el peso total de la mochila no supere el 30 % del peso corporal.
Por ejemplo, en un niño que pesa 40 kg, la carga máxima aconsejable sería de 12 kg. Respetar este límite no solo previene lesiones, sino que fomenta hábitos saludables, responsabilidad personal y una relación consciente con el equipo que se utiliza en campismo. Nudo Simple

La zona inferior de la mochila está pensada para alojar equipo voluminoso y artículos que no se necesitan durante la marcha, sino hasta el momento de establecer el campamento. Colocar correctamente estos elementos no solo ayuda a organizar mejor la carga, sino que también mejora la comodidad y la estabilidad durante la caminata.

En esta parte es ideal guardar la bolsa de dormir, especialmente porque muchas mochilas cuentan con un compartimento inferior diseñado específicamente para ella.
Al estar comprimida y protegida, se mantiene fuera del alcance inmediato y no interfiere con el acceso al equipo de uso frecuente. De igual forma, la almohadilla para dormir encaja bien en esta zona cuando se enrolla de forma compacta, ya que ocupa volumen pero no requiere acceso constante.

También es recomendable colocar aquí la ropa destinada exclusivamente para dormir, como ropa interior térmica o prendas secas de descanso.
Al separarlas del resto del equipo se evita que se humedezcan o se ensucien durante la jornada, asegurando una muda limpia y cómoda al final del día.
El calzado de campamento o zapatos ligeros para descanso pueden ir igualmente en esta sección, ya que no se utilizan hasta que se ha terminado de caminar.

Además de la organización, esta distribución tiene una función técnica importante: el equipo blando colocado en la parte inferior actúa como un amortiguador interno, ayudando a absorber impactos y vibraciones que se transmiten desde el suelo al caminar. Esto reduce la presión sobre la espalda baja y mejora la sensación de equilibrio de la mochila.

La zona central de la mochila es el espacio destinado al equipo más pesado y denso, aquel que no necesitaremos durante la marcha, pero que resulta indispensable al llegar al lugar de acampado.
La correcta distribución de esta carga es clave para mantener el equilibrio, reducir la fatiga y proteger la espalda durante caminatas prolongadas.

En esta sección se colocan principalmente los alimentos, todos los ingredientes necesarios para la preparación de comidas en campamento, excluyendo bocadillos o comida de marcha.
Al ser compactos pero pesados, deben ir bien organizados y, de ser posible, agrupados para evitar desplazamientos internos. Junto a ellos va el kit de cocina, que incluye sartenes, ollas, utensilios, cocineta, hornilla y combustible. Estos elementos concentran peso y rigidez, por lo que conviene ubicarlos lo más cerca posible del centro de la espalda, manteniendo el eje de carga alineado con el cuerpo.

Otro elemento fundamental de esta zona es el depósito de agua, ya sea en botellas grandes o bidones destinados a abastecer el campamento. El agua representa una de las cargas más pesadas dentro de la mochila, por lo que su posición debe ser estratégica.
Una recomendación importante es colocar el depósito vacío dentro de la mochila y llenarlo después, ya que intentar introducirlo lleno resulta complicado y puede desestabilizar la carga, incluso cuando la mochila cuenta con compartimentos específicos para ello.

Para evitar que estos elementos pesados se desplacen durante la marcha, es fundamental utilizar artículos blandos como material de relleno y amortiguación. Envolver el equipo voluminoso con la propia casa de campaña, el toldo o ropa extra ayuda a fijar la carga, elimina espacios vacíos y crea una barrera protectora entre objetos rígidos y el depósito de agua.
Este “acolchado interno” no solo mejora la estabilidad de la mochila, sino que también reduce golpes, ruidos y desgaste del material.

La zona superior de la mochila está destinada a los artículos esenciales que pueden requerirse en cualquier momento durante la marcha y que deben ser accesibles de forma rápida, incluso sin necesidad de quitarse la mochila de la espalda.
Esta sección cumple una función estratégica, ya que permite responder con agilidad a cambios de clima, pequeñas emergencias o necesidades básicas del caminante.

En esta parte se colocan principalmente las prendas de abrigo o protección climática, como chamarra, suéter, poncho o rompevientos.
El clima puede cambiar de forma repentina, y tener estas prendas a la mano evita detener al grupo innecesariamente o exponerse al frío, viento o lluvia.
Junto a ellas debe ir siempre el kit de primeros auxilios, ya que cualquier atención inmediata debe poder realizarse sin desmontar toda la carga ni perder tiempo buscando en el interior de la mochila.

También es recomendable ubicar en esta zona el filtro o purificador de agua, ya que el acceso rápido facilita la hidratación segura durante el trayecto, especialmente en actividades prolongadas o en terrenos donde se encuentran fuentes de agua intermedias. Los artículos básicos de aseo, como papel de baño o un paño limpio, encuentran aquí un lugar práctico, pues suelen necesitarse de forma imprevista y deben estar disponibles sin complicaciones.

Algunos campistas prefieren además colocar su tienda de campaña amarrada en la parte superior de la mochila o justo debajo de esta bolsa. Esta disposición permite un acceso inmediato en caso de que se presente un cambio brusco de clima antes de haber establecido el campamento, facilitando montar un refugio provisional sin reorganizar toda la carga.

Además de los compartimentos principales, las mochilas cuentan con distintos tipos de bolsillos que cumplen una función clave en la organización y el acceso rápido al equipo esencial. Entre los más comunes se encuentran el bolsillo superior, los bolsillos delanteros, los bolsillos laterales y los bolsillos integrados en el cinturón lumbar. Cada uno está pensado para alojar objetos pequeños que deben estar siempre a mano durante la marcha.

En estos bolsillos se colocan herramientas de orientación y navegación, como mapa, brújula o GPS, ya que son elementos que pueden necesitarse de forma frecuente para verificar la ruta sin detener al grupo.
También es habitual guardar aquí las gafas de sol, permitiendo ponérselas o quitárselas rápidamente según cambien las condiciones de luz.

Los artículos de protección personal, como protector solar, bálsamo labial y repelente de insectos, encuentran en estos bolsillos un lugar ideal, pues su uso suele ser repetido a lo largo del día y conviene tenerlos accesibles sin abrir el compartimento principal.
De igual forma, la lámpara o linterna debe ir en un bolsillo bien identificado, ya que puede ser necesaria de manera inmediata al caer la noche o al entrar en zonas de poca visibilidad.

Los bolsillos laterales suelen destinarse a botellas de agua, facilitando la hidratación constante sin romper el ritmo de caminata. En el cinturón lumbar o en el bolsillo frontal es práctico llevar snacks o bocadillos, ya que permiten reponer energía de forma rápida durante el recorrido.
Finalmente, las identificaciones y documentos deben colocarse en un bolsillo seguro pero accesible, de modo que puedan extraerse con rapidez si se requieren, incluso sin quitarse la mochila de la espalda.

Muchas mochilas de campismo incorporan lazos, cintas y correas diseñadas específicamente para el transporte de equipo que, por su forma o tamaño, no puede colocarse dentro del compartimento principal.
Entre estos sistemas se encuentran los portaherramientas, las cintas cosidas, las pestañas externas y las correas de compresión, todas pensadas para asegurar el equipo de manera firme y estable durante la marcha.

Estos elementos permiten transportar de forma externa materiales como bastones de trekking, varillas de la tienda de campaña, colchonetas, taburetes o sillas de campamento, hachas y cuerdas para escalar, manteniéndolos sujetos al cuerpo de la mochila y evitando movimientos innecesarios que afecten el equilibrio del campista. Las correas de compresión, además, ayudan a reducir el volumen total de la carga, acercando el peso al centro del cuerpo y mejorando la estabilidad al caminar.

Sin embargo, todo equipo transportado en el exterior de la mochila implica riesgos adicionales.
Estos objetos pueden engancharse fácilmente en ramas, matorrales o estructuras del terreno, así como raspar contra rocas, lo que no solo dificulta el avance, sino que puede provocar caídas, daños al equipo o incluso lesiones.
Por esta razón, se recomienda minimizar al máximo la cantidad de artículos que se llevan fuera de la mochila, utilizando los sistemas externos solo cuando no exista una alternativa segura dentro del compartimento principal.



TAMAÑOS

Las Mochilas de hidratación, también conocidas como hydration packs o camelbacks, son mochilas ligeras diseñadas para actividades en las que el usuario se mantiene en movimiento constante y necesita acceso continuo al agua sin detener la marcha.

Estas mochilas suelen tener una capacidad total que oscila entre los 7 y 15 litros, lo que las sitúa dentro de la categoría de mochilas pequeñas. Su rasgo principal es la integración de una bolsa flexible de hidratación, generalmente de hasta 2 litros, conectada a una manguera con válvula que permite beber sin quitarse la mochila. El término popular camelback proviene de la analogía con la joroba del camello, animal capaz de almacenar agua para largos desplazamientos en ambientes hostiles.

Además del sistema de hidratación, este tipo de mochilas incorpora bolsillos laterales para botellas, compartimentos frontales o elásticos para artículos esenciales y, en algunos modelos, correas de ajuste pectoral y lumbar que mantienen la carga estable durante el movimiento. Su diseño compacto distribuye el peso muy cerca del cuerpo, reduciendo el balanceo y mejorando el control, lo cual es clave en terrenos irregulares.

Las mochilas de hidratación son altamente recomendables para caminatas cortas, excursiones de un día, salidas rápidas desde el campamento, actividades de exploración, trail running y recorridos técnicos, donde cada gramo cuenta y la prioridad es la agilidad. Su popularización se debe en gran medida al Trail Running, disciplina de montaña en la que el peso, el equilibrio y la facilidad de acceso al agua influyen directamente en el rendimiento y la seguridad del practicante.

Sin embargo, no deben considerarse mochilas principales de campamento, ya que carecen de la capacidad, estructura y soporte necesarios para transportar equipo completo como refugio, cocina, ropa adicional o material de pernocta.
Su uso adecuado es como mochila secundaria, ideal para actividades diurnas, recorridos de reconocimiento, transporte de agua y equipo mínimo, o como apoyo logístico una vez establecido el campamento. Nudo Simple

Las mochilas de excursión son aquellas que, por su capacidad intermedia (generalmente entre 20 y 35 litros), están pensadas para salidas donde se requiere portar equipo esencial sin llegar al volumen ni al peso de una mochila de campamento.
Representan un punto de equilibrio entre movilidad, autonomía y comodidad.

Este tipo de mochilas es ideal para excursiones de un día, caminatas prolongadas, recorridos de exploración o actividades donde no se pernocta al aire libre.
No obstante, pueden emplearse en viajes de hasta una semana, siempre que no sea necesario cargar equipo de acampado como tienda, colchoneta o sistema de cocina, y se cuente con apoyo logístico, refugios, albergues o pernocta bajo techo.

A diferencia de las mochilas de hidratación, las mochilas de excursión permiten transportar ropa extra, alimentos, agua suficiente, impermeables, botiquín, material personal y equipo técnico ligero, manteniendo una distribución de peso más estable gracias a su espalda estructurada y, en muchos modelos, a la incorporación de cinturón lumbar y correas de ajuste.

Su tamaño las hace especialmente útiles para quienes buscan autonomía moderada sin sacrificar agilidad, siendo una excelente opción para jóvenes y adultos que aún no requieren una mochila de gran capacidad o para actividades donde la carga debe mantenerse controlada.

En términos prácticos, la mochila de excursión enseña un principio clave del campismo: llevar solo lo necesario, bien organizado y correctamente equilibrado, favoreciendo la eficiencia, la seguridad en la marcha y el cuidado de la espalda, especialmente en etapas formativas. Nudo Simple

Las mochilas alpinas comprenden, de forma general, capacidades que van desde los 40 hasta los 55 litros, y a partir de este volumen deben incorporar obligatoriamente sistemas de distribución de carga, como el cinturón lumbar y la correa pectoral, ya que el peso transportado comienza a ser significativo y no puede recaer únicamente sobre los hombros.

El cinturón lumbar cumple la función principal de transferir entre el 60 y 70 % del peso hacia la cadera, que es la estructura ósea mejor preparada para soportar carga, mientras que la correa pectoral estabiliza los tirantes, evita que se abran y mejora el control de la mochila durante la marcha.
Sin estos elementos, una mochila de este tamaño favorece la fatiga temprana y aumenta el riesgo de sobrecarga en espalda y hombros.

Este tipo de mochilas es ideal para expediciones de una a tres noches, es decir, campamentos cortos, donde ya es necesario transportar equipo completo de pernocta. Su capacidad permite llevar sin dificultad tienda de campaña, bolsa de dormir, colchoneta, ropa extra, alimentos, equipo de cocina y agua, manteniendo una organización adecuada del peso por zonas.

Estas mochilas representan el primer contacto real con la autosuficiencia, ya que el campista aprende a seleccionar, organizar y cargar su propio equipo durante varios días. Utilizadas correctamente, fomentan la disciplina, la planeación y el cuidado del cuerpo, recordando siempre que una mochila grande no es para cargar más, sino para cargar mejor. Nudo Simple

Las mochilas de expedición abarcan capacidades que van desde los 60 hasta los 90 litros, e incluso algunos modelos especializados pueden alcanzar los 100 litros.
Están diseñadas para viajes de varios días o semanas, donde se requiere transportar equipo completo para campamentos prolongados, cambios de clima, alimentación autónoma y material adicional según la actividad.

Por su volumen y peso potencial, estas mochilas incorporan sistemas avanzados de carga, como bastidor interno o externo, cinturón lumbar ancho y estructurado, correas pectorales regulables y tirantes reforzados, cuyo objetivo es distribuir el peso de forma eficiente y mantener la estabilidad durante largas jornadas de marcha.

Sin embargo, tener mayor capacidad no significa que debas cargar con todo.
Una mochila de expedición no está pensada para acumular peso innecesario, sino para organizar mejor el equipo, especialmente objetos ligeros pero voluminosos que serán necesarios a lo largo del tiempo: ropa para distintas condiciones, equipo de abrigo, repuestos, herramientas, alimentos deshidratados y material técnico específico.

Este tipo de mochila exige un alto nivel de criterio y planeación, ya que una mala selección del equipo puede provocar sobrecarga, fatiga excesiva y lesiones.
Aquí se aprende una lección fundamental: la expedición no se gana por lo que llevas, sino por lo que sabes dejar fuera. Usada correctamente, la mochila de expedición se convierte en una aliada para la autosuficiencia, la resistencia y el trabajo consciente del cuerpo y la mente. Nudo Simple







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